La costa dálmata: Split, Trogir y Sibenik
Hoy el día se presenta intensivo, tres ciudades a visitar, por suerte no muy lejanas unas de otras. Aún así, nos ha dado tiempo de fijarnos en algunos aspectos sobre la conducción por Croacia, de los cuáles destacamos tres: los motoristas circulan la gran mayoría sin casco, la poca paciencia y respeto por la seguridad vial de los conductores croatas (adelantar con línea continua lo tienen por costumbre) y el encuentro con varios autobuses con el escudo del Barça. Empezamos el día en Split.
Split
Split es una ciudad que nos sorprendió mucho. Siendo la principal ciudad de la región de Dalmacia, ya suponíamos que sería muy diferente a todos los pueblecitos que habíamos visitado hasta el momento en nuestra ruta. Split es una ciudad industrial, con grandes edificios que nos recuerdan a una ciudad dormitorio, pero tal como nos adentramos al corazón de la ciudad, vamos descubriendo una cara muy diferente ésta, un casco antiguo que nada tiene ver con lo que habíamos visto de Split hasta ahora.
Llegamos al Palacio Diocleciano, rodeado de murallas, con 4 puertas de acceso y dos calles perpendiculares que se cruzan dando una forma al casco totalmente rectangular. Además de esto, mucho callejones componen el laberinto donde viven y conviven turistas y aldeanos.
Centro del Palacio de Diocleciano
Hay varias visitas que recomendamos especialmente, una de ellas, la Torre de la Campana, que se añadió a la Katedrala Svetog Duje en el siglo XIII y desde la que podremos ver, tras subir unas vertiginosas escaleras, unas preciosas vistas de Split. Otra visita a destacar es la estatua de Gregorio De Nin, un enorme monumento dedicado al obispo que destacó por sus investigaciones del Glagolitic, la tradición dice que hay que pedir un deseo mientras se roza el pulgar del pie derecho de la estatua, situada en la puerta Argentea del casco antiguo.
En Split nos encontramos con algo que no habíamos visto en Croacia todavía, el hecho de pagar para entrar en todas partes: iglesias, templos, torres, etc. Parece que el modelo cristiano de explotación del turismo está llegando también aquí.
Vamos a comer y una vez más, nos cuesta encontrar un restaurante que acepte tarjetas de crédito, el “cash only” es la respuesta más habitual, es importante tenerlo en cuenta a la hora de planificar el viaje a pesar de lo que digan las guías.
Trogir
Tras comer en Split, cogemos el coche y conducimos hacia Trogir, una ciudad pequeña y preciosa que se levanta sobre una isla situada en medio del canal de Trogirski. Accedemos a la ciudad (patrimonio de la Humanidad por la Unesco), por la puerta de Tierra Firme, después de dejar el coche en uno de los parkings que hay en los centros de todas las ciudades que hemos visitado. Andamos unos minutos por callejones estrechitos y llegamos a la plaza principal, Trg. Ivana Pavla II, lugar donde está la catedral, el ayuntamiento y varios palacios. Aquí visitamos la Katedrala Sv. Lovre (s. XIII – XIV) cuya puerta es una de las obras de arte del la escultura croata y representa el mundo medieval.
En la misma plaza se encuentra la Capilla de San Sebastián, separada de la loggia por la Torre del Reloj, donde encontramos un recordatorio a los muertos durante la guerra del 1991-1995.
Paseando por un puerto muy chulo (imagen de la cabecera del post), llegamos al Castillo del Camarlengo que ahora se usa como escenario para los festivales de verano y que está ubicado en un punto privilegiado del puerto.
Šibenik
El día estaba previsto como intenso, y así lo fue. Volvemos a coger el coche ahora dirección Šibenik, una ciudad industrial que conserva en su casco antiguo el encanto de las ciudades venecianas.
La visita aquí es corta puesto que sólo queremos ver el centro histórico y con un par de horitas tenemos suficiente. Nos dirigimos a la plaza Trg Republike Hrvaste, donde encontramos la catedral de San Jacobo (Katedrala Sveti Jakova). Coincidimos con algún tipo de celebración, ya que en la plaza hay montado un escenario, y unos músicos ensayan un concierto que parece ser importante (las cámaras de TV así lo indican). Seguimos nuestro paseo y llegamos a un jardín botánico donde nos compramos un helado por 6 kunas (menos de 1€) y continuamos por los callejones hasta volver al paseo marítimo donde veremos la puesta de sol, mientras los pescadores tiran sus redes a mar, increíble.
Un día duro, pero todavía no habíamos llegado al pueblecito donde dormiríamos: Pakostane. A unos 10 kilómetros de Šibenik, un pueblecito que no sale ni en las guías, y tendría que ser de visita obligatoria, tanto por la simpatía y amabilidad de sus aldeanos, como por el ambiente que respiramos en nuestro último paseo del día tras la cena. Dormimos en casa de una familia (“sobe“) por 260 kunas, todos ellos muy amables. ¡A descansar!





