Ruta por Aigüestortes, el Estany de Sant Maurici y la Ratera
Esta Semana Santa decidimos ir a pasar los pocos días que teníamos de descanso a la montaña, pero uno de ellos lo teníamos reservado para salir de ruta por el Parque Nacional de Aigüestortes.
El Parque Nacional de Aigüestortes se extiende por las comarcas del Alta Ribagorça y el Pallars Sobirà y tiene una superficie de algo más de 14.000 hectáreas. Su principal protagonista es el agua, está repleto de lagos de origen glaciar y cascadas.
Nuestra ruta comenzó el sábado por la mañana, nos levantamos prontito y sobre las 10 llegamos al aparcamiento Prat de Pierró, mediante la carretera que va desde Espot hasta el propio Estany de Sant Maurici. Antes se podía llegar en coche hasta el propio lago, pero ahora ya no, te hacen aparcar el coche y, o bien subir en “taxi” (unos Jeep 4×4 que te dejan en el estanque por 4,35€ por trayecto y salen cada hora en punto), o bien subir haciendo un itinerario precioso. Por supuesto nosotros ya íbamos con la idea de disfrutar de la naturaleza así que comenzamos nuestra travesía.
Toda la ruta está muy bien señalizada, y tal como nos indicaba el primer cartel que vimos, teníamos 1 hora y 15 minutos andando hasta el Estany de Sant Maurici por una ruta conocida como la “Ruta de l’isard” o del Sarrio (rebeco). Esta zona es la parte más hombría de toda la ruta, y la más marcada, ya que se realiza siguiendo una pasarela de madera que bordea el río Escrita, hasta llegar al puente de “El toll de la Gorga“. Es una travesía preciosa cubierta por un frondoso bosque de grandes abetos.
Inicio de la ruta por el bosque de abetos
Cascada sobre el puente “El toll de la Gorga”
Al pasar el puente llegamos a una gran pradera, la vertiente más solana del valle, donde continuamos por unos antiguos prados de siega. La panorámica que se nos presenta es impresionante, con la sierra de Les Agudes y el pico de Pinató a la derecha,mientras que en la umbría sobresale la cima de los omnipresentes Encantats que nos acompaña durante casi todo el itinerario.
Pradera con vistas de los Encantats
Ya sólo quedan unos 20 mínutos hasta la ermita de Sant Maurici, a partir de aquí empezamos a encontrar nieve. Por la época del año que es y el buen día que nos hacía, era mágico caminar por un entorno tan bonito mientras nos caían pequeñas gotas de agua encima provocado por el deshielo de la nieve de los altos árboles.
Siguiendo el camino, con presencia de abedules, serbales, pinos y áreas abiertas llegamos a un cruce de caminos, donde cogemos el de la derecha para llegar al Estany de Sant Maurici en unos 5 minutos. Al llegar al estanque, las vistas son inmejorables, el lago todo helado, con la sierra cubierta de nieve. El único inconveniente es el exceso de visitantes, esto es debido a que se puede acceder al estanque directamente con los “taxis” como antes comentábamos.
Trans unos minutos disfrutando del maravilloso paisaje y refrescándonos en una fuente que hay al lado del lago, seguimos nuestra ruta hacia el Estany de Ratera. A partir de aquí la travesía deja de ser tan llana, y empieza una subida bastante pronunciada, a los 10 o 15 minutos nos encontramos con la espectacular Cascada de Ratera.
Todavía nos quedaban unos 20 minutos hasta el Estany de la Ratera, así que continuamos subiendo y a cada paso nos encontrábamos con más y más nieve, hasta el punto que se nos hundían los pies hasta la rodilla, sin duda fue el tramo más duro de toda la ruta. El Estany de la Ratera también estaba helado y todo nevado, incluso llegamos a encontrarnos un grupo de esquiadores de fondo. Precioso. Y aquí termino nuestra travesía, al no poder seguir por la cantidad de nieve que había (no llevábamos raquetas), dimos media vuelta y bajamos de nuevo por donde vinimos. Así ya tenemos excusa para volver otra vez, y realizar otra ruta por el Parque Nacional de Aigüestortes.
Desde cada punto de la ruta “Els Encantats” se ven desde un ángulo diferente, pero siempre con unas vistas magníficas. Y para finalizar este post os explicamos brevemente la leyenda que cuentan de “Els Encantats”:
Cuentan que en uno de los encuentros del día de Sant Maurici, en el momento más solemne de la misa, dos cazadores empedernidos vieron, a través de la puerta de la ermita, a un “isard” (rebeco) que pacía justo al lado del lago. No pudieron resistirlo y salieron raudos a su caza; el animal apretó a correr hacia la montaña y perseguido por los cazadores, atravesó el bosque, se fue derecho hacia la “tartera” y siguió hacia la canal que separaba dos montañas. Cuando los cazadores, enloquecidos, llegaron a ese punto, el “isard” había desaparecido; en ese momento, un rayo desde el cielo los fulminó junto a su perro y quedaron transformados (“encantats”) en figuras de piedra.







